La ley del Deseo en la Empresa Familiar

Posteado el 03. Jun, 2023 por en Otros temas

Tiempo atrás, cuando aún trabajaba como psicólogo clínico, me encontraba frente a mi supervisor relatándole el caso de un paciente que me tenía muy preocupado. En determinado momento me marcó una pausa y me dijo:_ Jorge, nunca te conviertas en la salud que persigue al paciente.

Reconozco que tardé un buen rato en salir de esa especie de “pantano de palabras” en que sentí que me había perdido. Pero a poco de metabolizarlas les encontré pleno sentido. Como un disparo certero, su contenido y su forma habían dado en el blanco. Por ese día no necesitaba más.

En efecto, el escurridizo deseo me estaba jugando una mala pasada. Afortunadamente la experiencia de mi supervisor lo había detectado a tiempo. El significado era simple: quien debía tener el deseo de mejorar su salud era el paciente, no yo. Esto puede sonar confuso porque estaba claro que como psicoterapeuta me dedicaba a ayudar a mis pacientes a mejorar sus vidas. Entonces, si esa era mi Misión, ¿cómo no tener el deseo de que “se curen”? Pues no, el deseo siempre debía de permanecer en el paciente. El mío podría ser el de hacer la mejor labor posible, o el de ser una “herramienta” de buena calidad para que mi paciente logre sus objetivos de sanación, pero nunca debía entrometerme en su vida. Es decir, nunca debía ocupar ese lugar imaginario del ente saludable que gestiona el camino hacia la salud en el ente supuestamente enfermo. Alguna vez escuché: “_la vida es toda nuestra hasta el final…” en ese momento la recordé. Me hacía falta.

A esta altura supongo que el lector se preguntará:_  Bien, ¿y eso qué  tiene que ver conmigo y con la empresa?. Seguramente pensar desde este concepto da para establecer muchas conexiones diferentes, pero yo les voy a mostrar una en relación con los negocios familiares.

En algunas de ellos, la red relacional de la familia se constituye de tal modo que el Fundador concentra la totalidad del deseo de que sus hijos lo sucedan, dejando poco lugar para que ese deseo emerja espontáneamente de ellos mismos. Así muchas veces se queja amargamente de la falta de reconocimiento de la enorme oportunidad que él ha construido “para ellos” sin darse cuenta de que su propio comportamiento es el principal obstáculo para que lo que desea suceda.  Y no podemos decir que la resistencia de los sucesores sea mala en sí misma porque, que alguien no quiera hacer la vida de otro es algo bastante saludable. ¿Por qué ser una sombra que perpetúa el deseo de otro cuando se puede ser uno mismo?

Sin embargo para diferenciarse y hacer el propio destino no es imprescindible huir de lo familiar. Es más, cuando el comportamiento de huida en sus diversas formas es la única respuesta, suele tratarse de una formación reactiva bastante común, que lo único que logra es que la dependencia se convierta en rebeldía y que las elecciones no se hagan por convicción sino por oposición, lo cual esclaviza tanto o más que la sumisión.

Para salir de esta penosa trampa de la dinámica emocional, lo que hace falta es abrir una conversación. Una conversación que permanece pendiente debido a que ambas partes saben que de encararla -aún con la mejor voluntad-, lo más probable es que en lugar de mejorar, las heridas se profundicen. Ambas partes lo saben y por eso la evitan. Claro que, de terminar ahí, la trampa parece perfecta y se daría por cerrada.

Pero hay una alternativa que brinda una esperanza de salida exitosa. Como sugiere Borges en sus escritos sobre laberintos, no se sale de ellos siguiendo senderos sino que se sale “por arriba”. Es decir, cambiando críticamente la perspectiva del observador.

En este caso esa técnica sería la de facilitar la conversación difícil mediante dos buenas prácticas: 1. la Triangulación, que requiere de la participación de una tercera parte no involucrada emocionalmente en el sistema relacional de la familia empresaria, y 2. el Lenguaje de Proyecto, que requiere de una serie de reglas sencillas que se deben aplicar durante la conversación.

La primera técnica tiene como Misión desanudar el sistema de conversaciones recurrentes que mantienen a Yo y Tú atrapados en comportamientos de Ataque y Defensa. Su labor debe propiciar la respetuosa fluencia entre las partes. Para lograrlo, la segunda técnica debe aportar la reformulación constante de la ubicación de Yo y Tú como “los dos frente al problema”, en lugar de los dos enfrentados entre sí lo cual, normalmente, carece de sentido.

Jorge Omar Hambra

Director del Club Argntino d Negocios de Familia

Comentários cerrados.