Reafirmar el Liderazgo
Posteado el 11. Ago, 2011 por Administrador en Sin categoría
Mientras que en períodos normales las capacidades administrativas propias de la función gerencial sirven para mantener a las empresas en equilibrio, claramente no son suficientes para lograr lo mismo durante las crisis. Es en estas oportunidades cuando quienes tienen la responsabilidad de conducir ponen a prueba sus verdaderas capacidades de Liderazgo.
En efecto, el surgimiento de períodos adversos provee de excelentes oportunidades para que quienes tengan este tipo de capacidades, puedan destacarse. Sucede que, normalmente, en tiempos de crisis las personas nos sentimos debilitadas y vulnerables. Esto nos acontece porque en esos períodos los supuestos y certezas que refuerzan nuestros sentimientos de seguridad son cuestionados. Como consecuencia perdemos orientación, la angustia aumenta, baja la sinergia y productividad, la red social se debilita e, irónicamente, cuando más las necesitamos, menos energías y claridad tenemos para analizar las dificultades y tomar decisiones adecuadas. Es entonces cuando se requiere de más y mejores comunicaciones significativas.
Precisamente, el fenómeno del liderazgo se caracteriza por la capacidad que tienen ciertas personas para construir y realizar esas comunicaciones significativas que nos inspiran y que tienen el poder de producir una comprensión distinta de lo que nos está pasando y de orientarnos acerca de cómo transitarlo. En efecto, si prestamos atención a la historia, todos los grandes líderes se han caracterizado no tanto por poseer como por vivir dentro de un poderoso Relato mediante el cual proveyeron a sus seguidores de un nuevo modo de ver aquello que les tocaba vivir.
Cuando digo vivir un Relato me refiero a que no se trata de hablar mucho. De hecho, se puede hablar mucho y no decir nada. Pero puede suceder lo contrario. Afortunadamente, a lo largo de mi carrera he conocido muchos jefes capaces de hablar poco y decir mucho. Ahora recuerdo, por ejemplo, a un director Industrial que, entre otras cosas, siempre que su gente tenía una dificultad seria en su planta, aún siendo absolutamente innecesario desde el punto de vista práctico, esa noche no iba a su casa y se quedaba a dormir en su despacho. Luego, cuando en alguna circunstancia él requería cualquier tipo de sobreesfuerzo de sus colaboradores, era notable cómo la mayoría de ellos respondía con un compromiso fuera de lo normal.
La experiencia me fue enseñando que, cuando hay dificultades:
1. las personas valoran la presencia de sus jefes aún cuando no tengan mucho para hablarles;
2. las personas no prestan atención mayormente a los emails masivos y a las cartas en las carteleras, excepto cuando son malas noticias;
3. que unas pocas palabras acerca de hacia dónde estamos yendo y por qué, dichas en forma personal -aún cuando no sea lo que la gente desearía escuchar- producen más motivación e involucramiento que un concienzudo análisis de pros y contras de la situación seguidos por un confuso remate acerca de qué se hará al respecto.
Por esto pienso que quien se proponga ser un líder tiene, durante las crisis, una incomparable oportunidad de aprendizaje y una función de servicio que cumplir. Estoy convencido que la adversidad, más que los buenos tiempos, ofrece una oportunidad inédita para influir sobre las vidas de muchas personas (familia, empresa, área de trabajo o la red social a la que pertenece) mediante la oferta de una versión diferencial de lo que sucede y de lo que podemos hacer por nosotros mismos si estamos dispuestos.
De esa manera, los buenos líderes encuentran siempre la forma de colaborar para que, sin apelar al engaño, a la negación ni a la ilusión, las vidas de la gente que los rodea sean más plenas, más productivas y, por qué no, más felices.
Jorge O. Hambr, Director del CLUB ARGENTINO DE NEGOCIOS DE FAMILIA
